Terapia de exposición con Realidad Virtual

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MITOS Y VERDADES SOBRE LA TERAPIA CON REALIDAD VIRTUAL

La realidad virtual es una herramienta que se está utilizando con éxito en ciertas técnicas de tratamiento como las terapias de exposición, el entrenamiento en relajación o el entrenamiento en atención.  Su uso de forma generalizada es relativamente nuevo y es normal que produzca dudas o interrogantes incluso entre los profesionales de la psicología clínica. Hace seis años cursando un Master sobre la aplicación de las nuevas tecnologías a los tratamientos psicológicos me encontré con esta herramienta que solo conocía a través de las películas y los artículos de prensa.

Mi primera reacción fue de prudencia y escepticismo. ¿Cómo puede usarse esta herramienta en psicología sin “pervertir” los tratamientos y la relación terapéutica? Los profesionales de la psicología no estamos muy acostumbrados a contar con la tecnología en nuestros tratamientos salvo excepciones como en las técnicas de biofeedback y en determinadas investigaciones. Con cierta frecuencia se tiene la típica concepción de la tecnología como entorpecedora (que lo es muchas veces) y no como mediadora o facilitadora. Pues, bien, en el caso de la realidad virtual la típica concepción no se confirma. Me encontré con una herramienta (porque no es más que eso, una herramienta al servicio de una técnica y no una técnica de tratamiento) que me permitía superar ciertas limitaciones a la hora de trabajar con personas con ansiedad.

Los tratamientos de ansiedad suelen incluir la utilización de una técnica llamada desensibilización sistemática terapia de exposición que consiste en exponer a la persona a las situaciones que teme gradual y repetidamente, desde las “menos” temidas a las “más” temidas hasta que se produce la habituación o desensibilización a estas situaciones y desaparece la ansiedad. Esta técnica suele combinarse con el entrenamiento en otras técnicas de tratamiento para manejar la ansiedad durante la exposición (relajación, modificación de pensamientos). Las terapias de exposición han demostrado su eficacia empíricamente, es una técnica de elección en el tratamiento de los trastornos de ansiedad y han ayudado a muchas personas a superarla. Pero entraña importantes dificultades en su aplicación:

  1. Si las situaciones que desencadenan la ansiedad son poco habituales o poco accesibles es difícil exponer a la persona a las situaciones gradual y repetidamente hasta que se consigue la desensibilización. Es el caso de situaciones como volar, una prueba médica, el dentista o hablar en público. Son situaciones a las que no nos enfrentamos todos los días ni todas las semanas, ni es fácil reproducirlas a propósito.
  2. La exposición se puede hacer en imaginación en vivo. Suelen hacerse ambas, combinadas o sucesivamente. La exposición en imaginación es de elección cuando nos encontramos con situaciones temidas poco accesibles como las descritas anteriormente y en las primeras fases del tratamiento, antes o simultáneamente a la exposición en vivo. Y ahí empiezan las dificultades: muchas personas no son hábiles imaginando y reproduciendo situaciones mentalmente. Por no hablar de que el terapeuta no sabe exactamente qué es lo que está “viendo” la persona y a qué estímulos se está exponiendo. Es muy difícil además reproducir exactamente las mismas situaciones y perseverar en la exposición hasta la reducción de la ansiedad requiere un gran esfuerzo.
  3. Cuando llegamos a la exposición “en vivo” y la persona tiene que exponerse realmente a las situaciones temidas un porcentaje de personas se niegan o les cuesta muchísimo porque saben que una vez que se exponen a la situación real no hay vuelta atrás y les cuesta confiar en su capacidad para manejar la ansiedad (subirse a un avión, meterse en el tubo de una resonancia, por ejemplo). Además, les preocupa enormemente la exposición pública y que la gente se dé cuenta de su ansiedad y dificultades. Se alargan entonces los tratamientos y nos encontramos con un porcentaje de gente que no llega nunca a exponerse a las situaciones que más ansiedad le producen y las evitan, o “escapan” de ellas en los momentos de ansiedad más intensa reforzando así sus miedos.

En consulta hemos trabajado siempre con estas dificultades y limitaciones intentando ofrecer soluciones adaptadas a las características de cada persona pero a un coste importante en tiempo y esfuerzo para terapeuta y cliente.

Con esta nueva herramienta podemos ofrecer soluciones eficaces a esas limitaciones  y con un coste mínimo. La realidad virtual permite exponer a la persona a situaciones poco accesibles en su vida cotidiana y crea entornos virtuales personalizados a los miedos de esa persona, sin necesidad de confiarlo todo a la imaginación y donde el terapeuta puede ver lo mismo que ella, introducir nuevos estímulos temidos gradualmente y guiarla.  Además puede exponer a esa persona exactamente a la misma situación cuantas veces sea necesario con mucha facilidad hasta que se desensibilice y la ansiedad sea igual a 0. Y la persona se “atreve” a exponerse porque siente que puede ganar confianza en sus recursos en un entorno muy parecido al real pero más seguro, donde se siente protegida de la evaluación de los demás mientras maneja su ansiedad y practica sus recursos. Para facilitar el aprendizaje es posible darle feedback inmediato acerca de los recursos que está utilizando y darle pautas para un buen manejo de la ansiedad mientras se expone. Y, más aún, la persona se mantiene más fácilmente en la situación hasta que se reduce la ansiedad y comprueba que puede tolerar niveles de ansiedad altos y regularlos, y como no “escapa” cuando la ansiedad está alta, no alimenta el miedo y no tiene sensación de impotencia y fracaso. Se siente más competente para afrontar su miedo. Estupendo. Me convence.

Pero cuando entro en contacto con la herramienta hace seis años se abren varias incógnitas en mi mente clínica: los entornos virtuales no son reales y no parecen reales, ¿producirán las mismas respuestas de ansiedad que las situaciones reales?. Porque si no es así, esta herramienta no va a ser útil. Me acerco a la investigación disponible y si, los resultados dicen que desencadena las mismas respuestas de ansiedad en intensidad y duración. ¿Cómo puede ser si no parecen reales? Sigo leyendo e investigando y, aunque no está claro exactamente por qué, se observa que si los entornos virtuales son “demasiado” reales, se produce una reacción de rechazo que algunos describen como una reacción de desconcierto o grima que “desconecta” a la persona del entorno y le hace perder sensación de presencia y de realidad. Justo lo contrario de lo que uno imagina y de lo que se está buscando. Sin embargo, si el entorno virtual no “pretende” ser real, parece que es más efectivo a la hora de producir sensación de presencia y de realidad que es lo que se necesita para una adecuada inmersión en la situación virtual. A mayor inmersión, más eficacia del entorno virtual para desencadenar las mismas repuestas de ansiedad que en la situación real.  De acuerdo, ya tengo claro que se ha comprobado en muchos estudios que los entornos virtuales desencadenan las mismas respuestas de ansiedad  que los reales.

Otra incógnita: ¿se generalizan los resultados obtenidos en los entornos virtuales a los reales? o lo que es lo mismo, si la ansiedad es 0 en la situación virtual, ¿será 0 cuando la persona se enfrente a la situación real? Si en un entorno virtual en el que estoy, por ejemplo, metida en un tubo de resonancia o sentada en un avión a punto de despegar yo manejo bien mi ansiedad y la consigo reducir, ¿pasará lo mismo cuando vaya a hacerme el escáner en la realidad o esté sentada en el avión? Los estudios dicen que sí, que si la técnica se aplica bien, la generalización se produce y la persona generaliza lo que ha aprendido en el entorno virtual al real.

Más incógnitas que me planteo: ¿la gente se sentirá cómoda con ella?,  ¿no les parecerá muy artificial y entorpecedora?. Nuevamente me encuentro con que las encuestas hechas a quienes han utilizado la herramienta dicen que se siente cómodo con ella  un porcentaje de alrededor del 85-90 % según estudios hechos con personas menores de 60 años.

Ejemplo Entorno virtual Resonancia Magnética

Una vez contestados los interrogantes anteriores con la evidencia disponible, decidí hacer un entrenamiento práctico para usar la herramienta y empecé a utilizarla en consulta. Con cautela, porque con cierta frecuencia, la teoría y la investigación no nos cuentan toda la realidad de la práctica en la consulta y el saber usar una herramienta no te garantiza el éxito. Actualmente llevo ya unos años utilizándola y puedo decir que nos ha facilitado mucho la exposición a los miedos a mi y a mis clientes y ha ayudado a que cada uno progrese a su propio ritmo y encuentre y practique los recursos que más les ayudan a reducir la ansiedad. En general el progreso ha sido más rápido y más fácil. No obstante, es solo una herramienta que nos facilita la aplicación del tratamiento y quien no se sienta cómodo con ella no necesita renunciar a lo que es imprescindible para el tratamiento que es la técnica de exposición combinada con el entrenamiento en recursos para el manejo de la ansiedad.

http://www.apa.org/research/action/speaking-of-psychology/virtual-reality.aspx

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